Miercoles 22 de Mayo de 2024

Alfareras plasman rostros del dolor: los feminicidios

[EFE]

Ciudad de México.- Rita Reséndiz y sus compañeras alfareras trabajaban en su taller cuando escucharon en la radio una historia que las estremeció: la de una madre que no podía recuperar el cuerpo de su hija asesinada.

Desde entonces, las artesanas elaboran sus rostros contra los feminicidios, la “herida abierta” de México.

Elaboradas con barro a tamaño real, las piezas creadas por el grupo Mujeres Alfareras de Tláhuac son un grito de dolor, de impacto, de sorpresa, de impotencia y de rabia.

Cada uno de estos 270 rostros femeninos -que reciben el nombre de “Rostros del olvido”- es una historia. Unos tienen los ojos abiertos y otros cerrados; uno tiene un ojo morado, otro arañazos en la nariz, otro un corte profundo y sangrante en la mejilla.

“Queríamos que expresaran lo que una mujer en ese momento puede estar sintiendo y pensando en sus últimos momentos, cuando injustamente le están quitando la vida y de manera violenta, además”, afirma a Efe Reséndiz, fundadora del grupo, en su taller del sur de la Ciudad de México.

La artesana señala dos de las obras que más la conmueven. En la primera, el rostro tiene los labios pintados de azul y los ojos marrones abiertos, desde los cuales se deslizan dos lágrimas alargadas; su expresión de “enorme tristeza” refleja el pesar de una mujer que a su muerte dejó tres hijos huérfanos.

En el rostro de al lado, una mujer bañada en lágrimas se resiste a cerrar los ojos: “Ella siente mucho dolor, y a la vez mucha rabia de que le esté pasando eso”, explica.

Después de desmoldar una de las piezas de barro y pulirla, la alfarera remueve brevemente la pintura y con un pincel comienza a dar vida al nuevo rostro, empezando por las cejas.

Todas las obras están hechas con el mismo molde, para el que se utilizó la cara de Reséndiz. Ahora, el grupo quiere hacer moldes nuevos teniendo como modelo a otras artesanas, porque la violencia golpea a mujeres de todas las edades.

Las alfareras han llevado sus creaciones a museos y casas de la cultura, y luego a lugares más abiertos como espacios públicos y universidades.

“Por desgracia estamos en un país donde se supone que no hay guerra, se supone que no hay una razón y que no debería haber tantos feminicidios; tantos asesinatos ya en sí, pero los feminicidios es un tema aparte”, clama Reséndiz.

La historia de los rostros nació con dolor, pero después de tantos años sin que se dé ninguna respuesta queda la impotencia y el enojo.

“Es la herida abierta que tenemos”, resume la artesana, quien no acaba de comprender por qué el devastador panorama que vive el país.