Martes 14 de Julio de 2020

Bitácora

EL sainete que se formó frente a la DAPAS la noche de ayer fue provocado por Ricardo Ballesteros Corona que se quejaba de que le habían aventado un vehículo por órdenes de José Isidoro Salazar, director de la Policía Municipal y porque los 50 sindicalizados que no dejaron de gritar consignas contra el director de la DAPAS, Marco Antonio Guillén y su asesor legal, Edgar Enrique Sánchez González,  recién hueveado por ellos mismos el miércoles cuando quiso negociar sin acuerdo de la Junta de Conciliación la entrada del camión con gas-cloro para el saneamiento del agua. Ricardo Ballesteros no es trabajador de la DAPAS, solamente es hermano de Alejandro Ballesteros, líder del sindicato y archienemigo de Adrián Esper Cárdenas y de los directivos mencionados arriba. Pero al final de cuentas, la crisis del agua sin sanear se resolvió al 10 para las nueve la noche de ayer viernes, sin más contratiempos que algunos insultos y consignas…

PERO ¿por qué no se puede resolver un paro legal de huelga desde hace siete meses? La cosa es simple: la DAPAS está más que quebrada, en un abismo del que ya no va a salir, porque sus adeudos en pasivos, deuda a proveedores, impuestos que no se han pagado generacionalmente y obras que faltan por hacer, la paramunicipal anda con un endeudamiento de hasta 100 millones de pesos, sí, no 25, no 40, 100 millones de pesos y en esta sumatoria no se está contando el dineral que se está acumulando y que se le tendrá que pagar como sueldos caídos a los sindicalizados en caso de ganar el pleitazo de siete meses y que, números de más o de menos, anda por los 10 millones de pesos. Entonces, ¿qué queda de la DAPAS? Nada en realidad…

ALEJANDRO Ballesteros Corona quiere mantener el estatus de prebendas y de beneficios exagerados para los trabajadores, a pesar de que el organismo del que depende ya no tiene para pagar montos que tienen que ver con la intención de que se les pague un ocho por ciento de aumento al salario, por encima del 16 por ciento del aumento al salario mínimo, que es lo que por ley existe, es decir, un 24 por ciento. Además de ello, hay prestaciones que fueron socavando al organismo hasta hacerlo incosteable, es cierto, pero no son los únicos…

CUANDO el sindicato de Ballesteros consigue una victoria de prebendas en el contrato colectivo, estos beneficios los obtienen todos los que trabajan con la modalidad de confianza y que ahorita “nadan de muertitos” en el pleito, porque ellos sí cobran (algunos muy bien sin hacer nada) y ellos conseguirían el aumento que pide Ballesteros, entre los que se encuentran el de subir de 75 a 90, los días de pago de aguinaldo…

¿Y los directivos de siempre y los funcionarios que han sobrevivido a administraciones y administraciones haciendo lo que se les place y dándose una vida de burgués a costa de las cuotas de pago de los ahora 50 mil usuarios?  ¿A esos quién los va a fiscalizar y quién les cuestionará el modo de vida o el monto que ganan sin hacer nada?…

LA DAPAS fue sana quizá hasta después de que paradójicamente estuvo Paco Gómez Gómez, de 1991 a 1994, porque de ahí en adelante, entraron sin parar, carretadas de recomendados a ese lugar, a “comerse el pastel” poco a poco, como una marabunta que parece que nunca se acabará una torta de dulce hasta que los ojos atónitos del observador se dan cuenta de que no ha quedado nada…

AHORA se habla de extinguirla, ¿pero cómo es eso? Los procedimientos legales quizá resulten como el viejo adagio del caldo y de las albóndigas.

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