Miercoles 24 de Julio de 2024

El Hospital y los perros

Miguel Barragán

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CIUDAD VALLES. Una jauría de canes hizo de la calle frente al Hospital General de Valles su territorio y seguido atacan a los parientes de los internados en el nosocomio.

Además de estar en la zozobra por el internamiento médico de sus parientes, los que pasan horas y días afuera del Hospital tienen que lidiar con una jauría de 10 a 12 canes que han proclamado el bulevar Miguel Ángel Oliva como su territorio, a golpe de tarascadas.

Ayer, domingo, a la una de la madrugada, Agustín Hernández Hernández, de 45 años de edad, vecino de la comunidad de La Puerta, Xilitla, quien ha estado días afuera del centro médico, a la espera de que den de alta a su pariente, iba a orinar a un monte ubicado atrás del Oxxo, cuando los mismos doce perros se le fueron encima y le hincharon los colmillos en sendas piernas.

 

La fuente canina

Los que pernoctan y aguantan inclemencias a la intemperie tienen dos versiones: un grupo de perros pertenece a una mujer que vive en una covacha levantada con varas y plásticos, a un lado de la famosa tienda de conveniencia y otros perros vagan libremente durante el día, incluso, conviviendo con los que aguardan las altas.

La pesadilla comienza en la noche, cuando los perros se agrupan, forman la jauría y desconocen a todo el que se les atraviesa.

 

Perro problema

La dirección de Ecología tuvo una separación laboral cuando el otrora director habló de la posibilidad de sacrificio de animales peligrosos, como el caso de los canes.

Los animalistas han protestado a su manera, en redes, contra la sola idea de pensar en sacrificios, pero nadie se ha presentado frente al hospital para reubicar, adoptar o darle refugio a uno de esos “peluditos” de gruñido fácil.

La Jurisdicción Sanitaria V tiene nueve años que no hace una razzia, dado que las leyes han ofrecido protección a los animales que les impide actuar al respecto y todo recae en la dirección de Ecología.

Por lo pronto, los perros no discriminan ni a hombre ni a mujer y diario tienen víctimas que no saben si les duele más el ataque o la pena de estar esperando por la recuperación de su familiar bajo el sol o bajo la lluvia.